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ESPERANDO EL NUEVO DIA
Regresar a la posada donde duermen los huesos
de esta alma agitada y contemplar allí la tinta
de unas cartas recién llegadas del Perú: arden
mis querencias mientras yo agonizo en la distancia.
No hay quien no me pida volver pero nadie
evita la descripción del infierno y sus diablos:
«ya los bárbaros tomaron gran parte de la villa
donde alguna vez viviste a tus anchas,
ya encendieron fogatas en el patio de la casa
y ahora resuenan sus tambores esperando».
Bah, a mi sueño le estorba la agitada realidad
y es inútil esperar a quienes se extraviaron en el mar.
A lo largo del naufragio he vivido
nutriéndome de quimeras: raíces, afectos.
He vivido enredándome en desaciertos:
la ilusión del poema denso y perfecto,
la toma de distancia para el goce mayor.
He vivido yendo y viniendo por los caminos
de todas las evasiones y ahora que los crucé
ya no sé si seguir esperando erguido en la proa
o si hundirme en los senderos de la contemplación
de unos lienzos donde sólo leo tragedias,
pesadillas perfectas pintadas para la eternidad.
(Lienzos escritos)
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